Marisol Reyes Muñoz
Ingeniero Agrónomo, Dr. Cs. Ag.
INIA Raihuén
mreyes@inia.cl
Diego Arribillaga García
Ingeniero Agrónomo.
INIA Tamel Aike
darribil@inia.cl
Introducción
La disponibilidad de estaciones meteorológicas constituye un enorme beneficio para la agricultura. Cada vez se puede encontrar más información de calidad y de libre disponibilidad. Sin embargo, estos datos pueden ser mucho mejor aprovechados cuando son asociados con variables relacionadas con el crecimiento o desarrollo de las plantas. Por ejemplo, la temperatura determina la factibilidad de producir una especie en un lugar dado, luego afectará su velocidad de crecimiento y desarrollo, magnitud de su rendimiento y necesidades hídricas, entre otras.
La forma en que esta variable se relaciona con las etapas o estados fisiológicos de la planta se conoce como Grados Día (GD). Para su cálculo, se debe conocer el promedio de la temperatura ambiente, más el umbral de cada especie que, en el caso la vid, es de 10°C, es decir, a la temperatura promedio se le restan los 10°C basales y cuando este valor es positivo se acumulan GD (Ibacache, 2008).
Este cálculo puede hacerse diario o mensual y su acumulación o sumatoria en un período de tiempo se conoce como Grados Días Acumulados (GDA) y, dependiendo de la zona agro climática, se debe considerar, desde el inicio de la brotación (yema hinchada) hasta la cosecha, lo cual determinará, para cada variedad, su capacidad de fructificar y madurar.
El Centro Experimental INIA Cauquenes cuenta con registros climáticos desde el año 1964, lo que desde el 2011 son recepcionados mediante una Estación Meteorológica Automática (EMA). Ese mismo año se sumaron a la provincia de Cauquenes cinco EMAs, permitiendo cubrir una amplia superficie del territorio vitivinícola de la zona (Figura 1).
Dada la vocación vitivinícola del Centro Experimental INIA Cauquenes, desde 1991, se han realizado registros fenológicos sobre un banco de germoplasma de vides que incluye más de 50 variedades de uva para mesa y similar cantidad de uvas para vino, abarcando desde aquellas cuyo ciclo es de bajo requerimiento de temperatura para llegar a cosecha (Figura 2A), hasta aquellas de alto requerimiento térmico (Figura 2B). Para este registro se utiliza la escala fenológica de Eichhorn y Lorenz modificada por Coombe (1995) y se hace semanalmente.
Entonces, al relacionar los datos climáticos históricos y los registros fenológicos, es factible analizar los posibles cambios en la fenología asociados a variaciones en el clima, en particular los GDA. Posteriormente, con esta información, se pueden realizar propuestas de ajuste en los manejos agronómicos en general, determinar variedades y zonas más vulnerables a fenómenos climáticos, entre otros.
Figura 2. Variedad de bajo requerimiento térmico a cosecha: Portugais bleu (A) y una de elevado requisito: País (B).
Variaciones anuales en los GDA
El análisis de los GDA muestra, en primer lugar, que la magnitud de esta acumulación puede variar desde aproximadamente 1.000 a 1.800 GDA (Figura 3). Estos valores, en general, permiten cumplir los requisitos de acumulación térmica de todas las variedades mantenidas en el Banco de Germoplasma de este Centro.
El análisis de los datos climáticos ha demostrado que, en la zona, las temperaturas máximas han ido en aumento en el período registrado (Reyes, 2015), lo que implica que los GDA también se haya incrementados (Figura 3). Si bien este aumento puede tener una baja significancia estadística, para el sector vitivinícola, sus implicancias pueden ser considerables. En particular el aumento de las temperaturas puede llevar a disminuciones en el crecimiento de las vides, bajas en las cosechas, cambios en la calidad del vino, aumento del nivel de alcohol y disminución de la acidez entre otros efectos no deseados (Reyes, 2019).
Figura 3. GDA en la Estación Meteorológica Cauquenes entre 1965 y 2018.
Estudios fenológicos
El estudio de los estados fenológicos (etapas del desarrollo de la planta) se ha utilizado para establecer modelos de crecimiento y desarrollo de vides (Ortega-Farias, et al. 2002). El registro de estas etapas permite, además, aplicar diferentes índices bioclimáticos relevantes para el cultivo de la vid. También, brinda la posibilidad de precisar los términos “temprano” o “tardío” en relación al desarrollo de la vid, con mayor exactitud que cuando se hace empíricamente (Rodríguez, et al. 2000). Sin embargo, estos trabajos tienen la dificultad de contar con datos de fenología confiables y de larga data (alto número de temporadas).
Como se observa en la Figura 4, todos los años se producen variaciones de diferente magnitud para cada uno de los estados, por lo tanto mientras mayor es el número de observaciones mayor será la confiabilidad del modelo predictivo que se desarrolle.
Figura 4. GDA para llegar a cada estado fenológico en la variedad País. Cauquenes,
Temporadas 2002 a 2018.
En la actualidad, se está trabajando con datos de casi 20 años para generar un nuevo modelo para el desarrollo de vides que permita diferenciar, entre el crecimiento vegetativo y reproductivo, cuyas curvas de desarrollo son diferentes.
El conocimiento de las necesidades térmicas, para llegar a cada estado fenológico, permite determinar la adaptabilidad de cada variedad a una determinada zona. Sin embargo, este estudio debe realizarse para cada estado, para precisar cuán temprana o tardía es la manifestación de cada uno y asociarlo con fenómenos climáticos que lo pudieran afectar.
Análisis de la ocurrencia del estado de “yema hinchada” para un grupo de variedades de brotación temprana demostraron que, entre los años 1991-1996 y 2011-2014, los requisitos térmicos para alcanzar este momento, en promedio, se habían reducido a la mitad (Reyes, 2018). Esto implica que el inicio de la actividad de las yemas se produce más temprano en la temporada. Si a este dato se le suma el hecho que las heladas primaverales, registradas en la zona de estudio, se han intensificado en la últimas décadas (Reyes, 2019), la proyección para variedades de brotación temprana puede no ser muy favorable, pues a medida que el desarrollo de las yemas avanza, más sensibles se hacen a las bajas temperaturas, siendo dañadas a una temperatura superior.
Exploración de nuevas zonas de producción
Para un país de tradición vitivinícola y larga geografía como Chile, el cambio climático ofrece la oportunidad de diversificar y ampliar las fronteras de la vitivinicultura nacional, permitiendo la incorporación de nuevas áreas de cultivo y la generación de productos diferenciados, distintos y únicos.
Las primeras exploraciones, por parte de INIA, de zonas consideradas “frías” y no tradicionales para la producción de vinos, se iniciaron el año 2000 y se extendieron hasta el 2004. En este trabajo se establecieron variedades que abarcan desde aquellas más tempranas a las más tardías en madurar, se registró su crecimiento, desarrollo fenológico y cualidades químicas y sensoriales de los vinos (Lavín, 2004). Estos antecedentes, más los registros fenológicos históricos de Cauquenes, permitieron contar con información suficiente para iniciar, en el año 2015, los trabajos para determinar la factibilidad de producir vides en la zona de microclima en la comuna de Chile Chico, ubicada en la provincia General Carrera, en la región de Aysén del General Carlos Ibáñez del Campo, y elaborar allí los vinos más australes del mundo.
Los requisitos de GDA para completar el ciclo fenológico fueron determinantes para seleccionar las variedades que podrían alcanzar la madurez en dicha locación. En la Figura 5 se presentan los GDA para cosecha en variedades tintas, correspondientes a las temporadas 2011 al 2018, donde se observa que las más tempraneras en madurez son: Portugais bleu, Valdepeñas (Tempranillo) y Pinot noir. Similar trabajo se realizó sobre las variedades blancas, lo que permitió seleccionar ocho variedades para establecer en Chile Chico (Cuadro 1).
A partir de la temporada 2018 se ha realizado un registro de estados fenológicos sobre el viñedo establecido en Chile Chico (Figura 6), en aquellas variedades que han iniciado su desarrollo reproductivo (Cuadro 2). Esto permite contrastar el desarrollo fenológico en esta zona extrema y comparar con otras áreas productivas, además de generar importante información sobre la fisiología bajo estas
condiciones climáticas. Algunos estudios han registrado menores requisitos en GDA a lo visto en Cauquenes (Villaseca, 2004), demostrando la importancia de caracterizar la expresión de cada variedad bajo las condiciones particulares de cada suelo y clima, los que darán como resultado la producción de vinos únicos y característicos del territorio.
Figura 5. GDA a cosecha en 21 variedades tintas para vino. Promedio entre las temporadas 2011 a 2018. Barras corresponden a desviación estándar.
Cuadro 1. Variedades de ciclo corto a madurez, seleccionadas para establecer en la comuna de Chile Chico.
Cuadro 2. Estados fenológicos registrados la temporada 2018/19.
Figura 6. Vista de viñedo establecido en Chile Chico sobre el que se registra fenología.
El registro conjunto de los GD y los estados fenológicos en vides de diferentes características y destinos, proveen valiosa información frente al actual escenario de variabilidad climática. Permiten visibilizar los cambios en la aptitud de una determinada zona para una determinada variedad o ampliar las posibles zonas de producción de vides, estableciendo nuevas fronteras para el desarrollo vitivinícola del país y los servicios anexos que pueden interactuar con la vitivinicultura.
Figura 7: Variedad Cabernet sauvignon, brote de aproximadamente 10 centímetros, donde se puede observar una inflorescencia. Fotografía: Carolina Salazar P. INIA La Platina.








